Valoramos los parámetros de diagnósticos:

  • Según el tacto
  • Según el estado visual (hidratada, mate, brillos…)
  • Poros

LA PIEL SECA

la piel aparece áspera y manchada, y en ocasiones muestra un envejecimiento prematuro. Aparecen zonas descamadas que originan con frecuencia picor y sensación de tirantez. La piel tiende a secarse con el paso del tiempo.

LA PIEL GRASA

Muestra poros dilatados, brillos, y con frecuencia espinillas y puntos negros. Tiene una textura gruesa y untuosa. Este tipo de piel pude deberse a factores externos, como la píldora anticonceptiva, el estrés y la alimentación inadecuada, aunque el componente hormonal y hereditario es sin duda el más determinante.

LA PIEL SENSIBLE

Se caracteriza por inflamación y deterioro del cemento intercelular de la capa córnea, que se manifiesta como acné, rosácea, rubor, y prurito.

LA PIEL RESISTENTE

No suele presentar eritema o acné y se caracteriza por un robusto estrato corneo que protege la piel de alérgenos, irritantes ambientales y pérdida de agua.

LA PIEL PIGMENTADA

Es más propensa en algunos fototipos de piel. Con el paso de los años, algunas pieles tienen propensión a generar manchas hiperpigmentadas no deseadas en cara, cuello, escote, brazos y manos.

LA PIEL ARRUGADA

Se produce por el envejecimiento, que a pesar de ser inevitable, sí que podemos retrasarlo aportando a la piel el cuidado necesario y evitando hábitos tales como fumar, exceso de alcohol, nutrición deficiente, y, el más importante, la exposición solar.